El Likud, el partido del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, fue el más votado en las elecciones legislativas celebradas el martes en Israel, pero ni con el respaldo de sus aliados ultranacionalistas y religiosos alcanzaría la mayoría parlamentaria que necesita para seguir gobernando.
Con más del 55% de los votos escrutados a primera hora del miércoles, el Likud (derecha) sumaba 27 de los 120 escaños de la Kneset, el Parlamento israelí. Yashar (centroderecha), la formación de su rival Gadi Eisenkot, obtendría 21, por debajo de lo que anticipaban las encuestas, que la situaban como primera fuerza. La participación llegó al 77%, la más alta en más de 25 años, en los primeros comicios desde el ataque de Hamás de 2023.
Una victoria con sabor a retroceso
El Likud cae de los 32 escaños que logró hace cuatro años a 27, y sus socios tampoco crecen. La coalición de gobierno se quedaría en torno a 55 diputados, frente a los 63 que tiene hoy, lejos de los 61 que dan la mayoría. El bloque contrario a Netanyahu, encabezado por Eisenkot, sumaría 49.
El castigo se concentra en los aliados del primer ministro. El partido ultraortodoxo sefardí Shas baja de 11 escaños a entre seis y ocho. Poder Judío, del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, obtendría entre seis y siete, lejos de los 15 que prometía en campaña, y Sionismo Religioso, del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, se quedaría en seis.
Tras 19 años en el poder en tres etapas distintas, Netanyahu llegó a las urnas después de una legislatura marcada por el radicalismo, el ataque de Hamás, la movilización masiva de reservistas, el aumento del coste de la vida y la negativa a obligar a los ultraortodoxos a hacer el servicio militar. También pesaron su rechazo a crear una comisión independiente que investigue los fallos de seguridad del 7 de octubre de 2023 y su interés en eludir el juicio por corrupción.
“Debemos formar un Gobierno nacional de derechas y fuerte”, dijo Netanyahu ante sus seguidores en Jerusalén, sin mencionar la pérdida de escaños. “Ha quedado claro algo incontestable: el Likud es la primera fuerza de Israel”, afirmó.
La oposición busca un Gobierno de cambio
Eisenkot, jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019, prometió dedicar “todas sus fuerzas” a formar un “Gobierno sionista, estable y bueno para todos los ciudadanos de Israel”. Ante informaciones sobre un posible ataque a Irán durante las negociaciones, advirtió al primer ministro: “No te atrevas a usar la seguridad de Israel para tu propio beneficio político”.
En ese bloque, Los Demócratas, lista de izquierda que une al laborismo histórico y a Meretz, logra nueve escaños; Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman, podría pasar de seis a ocho, y Beyahad, la coalición de centroderecha de Naftali Bennett y Yair Lapid, sería la tercera fuerza con 11.
Los partidos árabes, la llave
Las dos listas árabes son las grandes ganadoras: la Lista Conjunta, coalición de tres partidos liderada por Yousef Jabareen, obtendría 12 diputados, y la islamista moderada Ra’am, de Mansur Abbas, cuatro. Juntas suman 16 escaños y serían indispensables para formar Gobierno y evitar nuevas elecciones. Representan sobre todo a los palestinos con nacionalidad israelí, una quinta parte de la población.
El bloque de Netanyahu descarta pactar con ellas. El primer ministro calificó de “vergüenza” que la oposición pueda “poner en peligro a Israel y establecer un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas”, y durante la jornada electoral sugirió en redes sociales que esos partidos estaban “robando las elecciones”, sin explicar en qué se basaba. Smotrich, por su parte, advirtió que no permitirá que frenen “la revolución de los asentamientos en Judea y Samaria”, nombre bíblico de Cisjordania.
Abbas ya tendió la mano a la oposición: “Espero que salgan las cuentas y podamos garantizar que haya 61 escaños en la Kneset”. Eisenkot, que en campaña rechazó negociar con las listas árabes salvo que reconocieran a Israel como Estado judío y democrático, tendría que pactar con al menos una de ellas para gobernar.
Cómo se forma el Gobierno
Cuando concluya el recuento, el presidente, Isaac Herzog, encargará la formación de Gobierno a un diputado, normalmente el líder del partido más votado, que tendrá 28 días, prorrogables 14, para lograr una mayoría. Si fracasa, el presidente puede designar a otros candidatos; si ninguno lo consigue, habrá nuevas elecciones.

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